Algunos de los mejores casos de éxito que podemos encontrar nos retrotraen a acciones que se pusieron en marcha nada menos que a principios del siglo pasado.

Párate a pensar por ejemplo en las estrellas Michelin. Muchos chefs se desviven y trabajan duro cada año para conseguir o mantener este reconocimiento que distingue la cocina de su restaurante.

Si crees que el márketing de contenidos es algo nuevo, que ha nacido al calor de internet, deberías pararte a pensar de nuevo. Puede que en realidad solo estés redescubriendo una potente herramienta que viene utilizándose desde siempre.

Pues precisamente esa guía no es otra cosa que una iniciativa de márketing desarrollada hacia 1900 por los fundadores de la hoy afamada marca de neumáticos, los hermanos André y Édouard Michelin.

Su objetivo era atraer la atención de su público. Para ello pesaron en crear este ebook analógico, una suerte de list article que recogía mapas, ubicación de garajes mecánicos, contactos de médicos por si surgía un problema en ruta, curiosidades, etc.

Pretendían incentivar el uso del vehículo, que por aquel entonces solo empleaban unos pocos miles de personas en toda Francia.

La estrategia que siguieron no podía ser más actual. Dejaron de centrarse exclusivamente en su empresa y producto y pasaron a preocuparse de su cliente y de lo que necesitaba.

Hacía 1920 la guía incorporó además una clasificación de restaurantes que terminaría por ligar la marca definitivamente al mundo gastronómico y gourmet.

Es curioso que esta decisión la tomasen en un momento en el que el proyecto parecía tocar a su fin. André Michelin descubrió que uno de sus libros servía de calzador de una mesa y entendió que la gente, por lo general, no valora lo que consigue de forma gratuita.

Tocaba relanzar el proyecto. Aunque pueda parecer paradójico optaron por poner precio a su ‘ebook’ e incorporar las conocidas estrellas para aconsejar a los conductores en qué lugares parar a comer y descansar.

En aquel momento, a muchos les parecería una locura elaborar una libro de estas características. Seguramente se preguntarían si realmente contribuía a vender neumáticos. A fin de cuentas, ambos mundos, el gastronómico y el del motor, solo están relacionados de forma tangencial. ¿tenía algún sentido?

Hoy sabemos que aquel humilde proyecto, aquella guía que uno de sus creadores encontró sirviendo de soporte para equilibrar una mesa, ha terminado generando una multimillonaria industria a su alrededor. La propia guía es más conocida que los neumáticos. Y la marca Michellin ha quedado en cualquier caso ligada al concepto de excelencia.