Nada menos que Julio Medem fue el escogido por la marca de cervezas Amstel para cautivar a sus más fieles consumidores con un corto de 21 minutos cuidadosamente preparado que se lanzó en 2017 y en el que no se dejó ningún detalle al azar.

Una doble historia de amor, la de una pareja de chefs de ficción con gustos gastronómicos incompatibles -Mar, innovadora y arriesgada; Unai, tradicional y fiel al producto- que se solapa con la de los dos actores que los interpretan.

Ambos (actores) se encuentran en la soledad de un teatro vacío, quizá un plató de rodaje, frío y escasamente iluminado, con una mesa y dos sillas cómo único atrezo, para estudiar el guión.

Realidad y ficción se va entremezclando y confundiendo. Los personajes que se desenvuelven en un mundo mucho más vívido van apropiándose de su intérpretes y contagiándoles su deseo.

En esta acción de márketing todo está cuidadosamente medido para conquistar al público más fiel de Amstel, el vasco y el valenciano. Dos regiones en las que la marca cervecera es líder en ventas, por delante de su cada vez más agresiva competencia.

Proteger el mercado

Amstel necesita por tanto dar un paso adelante y asegurar que esa conexión emocional con sus consumidores se mantiene fuerte y saludable. Debe adelantarse para prevenir cualquier riesgo de infidelidad, alejar la tentación de los labios de sus clientes.

Apuntalará así su posición en estos mercados y dificulta que sus competidores le arañen cuota en dos de sus feudos.

Y lo consigue de forma magistral. Una única historia le basta para alcanzar simultáneamente a ambos públicos.

En ella, el título, los personajes, el origen vasco de Julio Medem (Donosti) y Asier Etxeandía (Bilbao), la gastronomía, etc. Todo estará perfectamente alineado para captar el interés y deleitar a su audiencia.

A lo largo de la película se sucederán, por otra parte, referencias al proceso de elaboración de la cerveza.

Los tres tuestes sucesivos y golpes de fuego a los que se somete la malta con la que se elabora la Amstel sirven para separar, como si cayese un telón en cada acto, la presentación, nudo y desenlace de la historia.

El fuego y el color rojo propio de la identidad de esta marca aparecen además de forma metafórica en el centro de la historia pasional y explícitamente en el primer fotograma de la película, que emplea un filtro rojo para teñir la imagen en el arranque. Posteriormente, el vehículo de estilo clásico en el que viajan Mar y Unai y otros muchos detalles emplearán ese mismo color.

Ambos personajes consumen cerveza en distintos momentos y presenciamos escenas clave en las que el gesto de compartir una copa o un botellín propicia el esperado roce de manos que hace avanzar el relato.

Alrededor de la película, se despliega toda una estrategia de comunicación transmediamicrosite en internet, posibilidad de contar a los amigos en twitter y facebook que ya has visto la película, y edición limitada de botellas Amstel diseñadas por la artista valenciana Carla Fuentes y el vasco Iban Barrenetxea.

La cinta fue promocionada mediante publicidad convencional y presentada a los medios.

Se cerró además un acuerdo con el crítico Mikel Iturriaga, bien conocido por su sección de El Comidista en el El País, para que protagonizase un vídeo paralelo que nos lleva de ruta gastronómica por Bilbao, Donosti, Navarra Barcelona, delta del Ebro y Valencia.