Monalisa máscara coronavirus

La crisis del Coronavirus viene acompañada de una avalancha de noticias y comentarios en redes. En este terreno es en el que se libra la batalla de la desinformación. EEUU y Reino Unido se muestran especialmente preocupados por los intentos más o menos encubiertos de Rusia y China por influir en la opinión pública.

El gobierno británico acaba de presentar una nueva unidad para combatir la desinformación dentro del Departamento de Digital, Cultura, Media y Deportes que tendrá como principal objetivo “identificar informaciones falsas, deliberadamente difundidas online, y establecer su alcance e impacto para decidir si tiene que ser contrarrestada activamente”.  

De forma más o menos directa, el gobierno y principales medios del país señalan hacia Rusia y China como origen más probable de estas campañas.

El objetivo de estos mensajes es interferir en los asuntos internos, generar miedo en la población y debilitar la posición de sus gobiernos y la confianza en sus políticos.

Redes sociales como Facebook y Twitter se están esforzando para demostrar que sus plataformas no son el caballo de Troya perfecto para extender rumores y noticias falsas.

Sus equipos están trabajando para asegurar que la información de las fuentes oficiales aparece siempre en los primeros puestos para búsquedas relacionadas con el coronavirus.

Facebook ha decidido además vetar posts, fotos y vídeos que defiendan teorías dañinas, incluidas algunas falsas curas.

Sin embargo y pese a que estas medidas han sido aplaudidas, los resultados conseguidos son limitados.

La pasada semana, el Washington Post, recogía las declaraciones de Lea Gabrielle, una alta funcionaria del EEUU, ante el Congreso que aseguró que Rusia se encuentra detrás de “un enjambre de falsas identidades” que están desinformando sobre la epidemia en página de redes sociales. Gabrielle subrayó que «el ecosistema completo de desinformación ruso se encuentra activo”.

La acusación llegaba poco después de que a finales del mes de febrero un informe elaborado por el gobierno de EEUU detectase en torno a dos millones de tweets con teoría conspirativas.

El estudio cubría las tres semanas posteriores a que la OMS declarase el coronavirus epidemia internacional, según recoge este mismo medio.

Se centró en este caso en países fuera de EEUU. De los más de 29 millones tweets analizados, el 7% correspondía a bulos.

Según el documento, algunos de estos posts muestran signos de “acción coordinada y no auténtica”, dando a entender que tras ellos se esconden grupos organizados o Estados que intentan sembrar la alarma y el miedo en la población.

Sin embargo, el Washington Post señala que el informe falla a la hora de aportar pruebas o detallar los nombres de esas cuentas no auténticas.

Los responsables de Twitter también se han mostrado críticos con las conclusiones derivadas de un estudio realizado sin su apoyo, al tiempo que ha reiterado su deseo de colaborar para frenar la desinformación.

Uno de los bulos que sí se citan entre los detectados en este estudio afirma que la Fundación de Bill y Melinda Gates ha creado el virus o que el coronavirus es en sí mismo una bioarma.

Otro de ellos afirma que el Departamento de Defensa ha sido el responsable de crear el virus para atacar a China.

Estos tweets han ganado impulso a través de cuentas que “parecen estar automatizadas”, es decir mediante bots.

Dezinformatsiya y KGB

El diario británico The Guardian, por su parte, destaca el gran parecido de todos estos bulos con la campaña que la KGB puso en marcha en los 80, conocida como Operación Infektion.

En aquel momento el objetivo era propagar la teoría de que la CIA o el Ejército de EEUU se había encargado de infectar con SIDA a la población.

Ahora se trata de convencer a los ciudadanos de que el Coronavirus se ‘fabricó’ en laboratorios occidentales.

El diario recuerda que el objetivo de la desinformación es generar discordia en las filas del enemigo mediante la creación de noticias deliberadamente falsas.

Explican que la GPU (germen de la KGB) creó en 1923 una oficina dedicada específicamente a la desinformación.

En 1950, esta técnica formaba parte ya de la doctrina de “medidas activas” de la política de guerra de la URSS.

Estas medidas eran parte central de la inteligencia, según el teniente general de la KGB Oleg Kalugin, y no se limitaba a recoger información, sino a la subversión.

Consistía en poner en marcha “medidas activas para debilitar a Occidente y poner palos en las ruedas en toda clase de alianzas entre los países de la región. Intentaba deteriorar la visión que Europa, Asia, África o Latinoamérica tenían de EEUU y, dese modo, preparar el terreno en caso de que estallase una guerra”.

The Guardian cita otras muchas operaciones de desinformación orquestadas por la Unión Soviética con las que pone en contexto la que vivimos hoy. Algunas de ellas:

  • La operación Neptuno, en 1964, consistió en la fabricación de documentos con la intención de señalar a políticos occidentales que, supuestamente, habían apoyado a los Nazis, informaciones que rápidamente fueron desmontadas.

  • En 1980, los soviéticos crearon un documento presidencial que demostraba que la administración americana había defendido el aparheid. La investigación que el presidente Jimmy Carter puso en marcha encontró evidencias de falsedades promovidas por los rusos, entre ellas el supuesto bulo de que EEUU utilizaría armas nucleares contra sus propios aliados.
  • En 1983, el presidente Yuri Andropov activó toda la maquinaria rusa de desinformación para frenar la reelección de Ronald Reagan a la Casa Blanca. Trataron de popularizar el lema “Reagan Means War”. Hoy sabemos que la operación fue un fracaso.

  • Otra increíble teoría defendió que la fluoración del agua era un intento del gobierno para controlar la mente de la población. Se trata de una teoría que aún tiene algunos seguidores.

Una técnica muy rentable

The Guardian señala que la lección que aprendieron los rusos fue que interferir en los asuntos de un país de forma completa es algo muy difícil, pero menoscabar la confianza en las filas del adversario resulta sin embargo muy rentable.

Euractiv explica en el artículo ya citado que el coronavirus agitará los pilares de la política global.

Señala que China está ejerciendo una suerte de poder blando en esta crisis, con el presidente Xi Jinping visitando Wuhan para celebrar la victoria sobre la epidemia.

China se ha convertido además en el primer país en enviar ayuda a Italia, antes que la propia UE o EEUU, socios tradicionales del país. Y España y otros otros países han afirmado que la condición de gobierno autoritario de China ha sido determinante para que frenar la crisis.

Recuerdan también la importancia que tiene en este escenario la pugna de EEUU por asegurarse su superioridad tecnológica y comercial frente al gigante asiático.

Como prueba de este argumento, Euroactiv esgrime que el diario estatal Global Times ha publicado de forma poco sutil que “China podría dejar de exportar máscara y material médico si la administración Trump sigue presionando y restringiendo los movimiento del gigante tecnológico Huawei

Se trata por tanto de una suerte de ‘justa’ al más puro estilo medieval por lograr el liderazgo y la capacidad de influencia mundial.

Este mismo medio recoge la reflexión de Kelly Magsamen, directora del Centro para el Progreso Americano, organización de EEUU con una orientación política de izquierdas, que subraya que lo que está en juego es “la credibilidad de su país y su capacidad de liderazgo para afrontar los retos clave, ya se trate de una pandemia, el cambio climático o los acuerdos de no proliferación. Tendrá efectos en nuestras relaciones”, asegura.